Creo que mi padre era una persona con muchos miedos pero que lo afrontaba todo.
Solía decir que todo tiene solución menos la muerte.
Mi padre nació en Puerto Plata, en la República Dominicana allá por el año 1944, este mes de enero hubiera cumplido 66 años.
Con 17 años lucho contra la dictadura que se impuso en su país y tuvo que salir de allí, se vino a España solo y sin dinero.
Nada mas llegar vivió en Madrid en la calle Fuencarral, en una residencia, pero según contaba echaba de manos el mar y se vino a Valencia.
Trabajó de camarero por las tardes y estudió medicina con lo que sacaba de eso y de redactar y vender los apuntes de las clases.
Conoció a mi madre en la Facultad y cuando terminaron la carrera se casaron en la capilla de la Catedral y comenzaron a trabajar, un año después nací yo.
Recuerdo a mi padre pasando consulta en casa, mientras fui niña, recuerdo colas de pacientes esperando turno en las escaleras del patio donde vivo.
Recuerdo el olor de las manos de mi padre a jabón.
Recuerdo el cuarto de revelado de radiografias que había en mi casa y su delantal de plomo, recuerdo las veces que probando los rayos X me miraba los pulmones.
Recuerdo cuando opero en casa a nuestro Collie, Canelo, y tuve que cortar el hilo del ultimo pespunte.
Recuerdo que mientras vivía mi padre, y a pesar de como me llevaba con el, me sentía mas segura, porque, estuviera donde estuviera y fuera a la hora que fuera el vendria a buscarme al fin del mundo si lo llamaba.
Recuerdo que, estando ya muy enfermo, una mañana en el Erajoma me prometió que si te buscaba aguantaría hasta conocerte, pero no pudo ser.
Y recuerdo muy bien a mi padre cada día cuando veo mis ojos en el espejo del baño, y, ahora, a veces cuando miro los tuyos.